CAMARA DE COMERCIO DE ORIHUELA ... ¿ADIOS?

CAMARA DE COMERCIO DE ORIHUELA ... ¿ADIOS?

 

Leo en la prensa una noticia que no por sorpresiva era menos esperada: dimite el presidente de la Cámara de Comercio de Orihuela. Y lo hace por que no puede hacerse cargo de la dirección de una institución que originalmente se instauró en esta ciudad en 1901, aunque desde entonces ha sufrido ya, cierto es, diferentes altibajos en su continuidad hasta hoy.

 

La Cámara de Comercio de Orihuela es hasta el momento, y todavía, una de las cinco de la Comunidad Valenciana, junto a la de Alcoy y las tres capitales provinciales, Valencia, Castellón y Alicante, sobre las que la Administración autonómica ostenta la competencia para el desarrollo de la norma estatal básica. Como órgano de representación del sector comercial e industrial, empresarial en suma, esta institución podría y debería tener un papel determinante en el fomento y desarrollo económico de su entorno de actuación, que en el caso de Orihuela es perfectamente el de esta ciudad y toda su comarca. Su capacidad para generar información e iniciativas en cualquier sector de actividad productiva, por sí misma o a través de sus departamentos de consultoría en el marco del Consejo de Cámaras de Comercio de la Comunidad Valenciana, la sitúan en una posición ideal y única para poder ser empleada no sólo por el sector privado sino también el público, y sobre todo el de ámbito local, como un motor de impulso, de crecimiento económico y, por ende, de creación de empleo.

 

Pero todo esto parece desconocerse en Orihuela, localidad de la Comunidad Valenciana, la sexta por población, y que dispone de una de las cinco Cámaras de Comercio valencianas. Orihuela no sabe, ni parece haber sabido nunca, que tiene en su ciudad una institución de tal calibre para producir, encauzar y coordinar iniciativas de carácter económico y empresarial. Orihuela no ha sido consciente de que si pierde la Cámara de Comercio perderá una herramienta fundamental que no existe en otros municipios o comarcas y que se suple con la simple actividad asociativa particular sin respaldo corporativo público, algo que sí tienen las Cámaras de Comercio.

 

El problema es que posiblemente ni quienes han dirigido la Cámara de Comercio en Orihuela ha sabido gestionar y sacar partido al propio potencial de la misma, más pendientes del eterno vicio oriolano de esperar a que el ayuntamiento pague todas las facturas. Un vicio tan extendido como inaudito en una clase empresarial que debiera tener el gen emprendedor como predominante en su ADN. Añádanle a esto un ayuntamiento que realmente nunca hizo uso de lo que la Cámara de Comercio podía ofrecerle, por que realmente nunca supo para qué le podía servir, ni nadie se lo dijo nunca.

 

La Cámara de Comercio tuvo una posibilidad de ser algo real en Orihuela en 2012, con la firma a iniciativa de quien suscribe, como concejal entonces de Comercio, de julio de 2011 hasta enero de 2013, de un convenio con el ayuntamiento oriolano para fomento de iniciativas comerciales. Un convenio con todas las garantías de legalidad, jurídicas y económicas, que hizo a la Cámara de Comercio trabajar intensamente para y con el ayuntamiento y, por ende, para todos los oriolanos, aportando información y estudios sobre el hecho comercial procedentes de sus bases de datos, gestionando iniciativas, trasladando y dando forma a propuestas, albergando en su sede la Agencia de Fomento de la Innovación Comercial con la que Orihuela se integró en red AFIC de la Generalitat Valenciana, poniendo en marcha un Portal del Comerciante en la red, elaborando y difundiendo un boletín informativo a todos sus miembros ... Siendo, en suma, y como expresé públicamente en más de una vez, la oficina en la práctica de la concejalía de comercio del ayuntamiento de Orihuela, con la más que posible y deseable proyección hacia toda la comarca de la Vega Baja, cuyas poblaciones menores carecen de esta presencia colaborativa tan importante.

 

Curiosamente, ese convenio de 2012 no tuvo problema alguno, fue debidamente cumplido por ambas partes y abonada la aportación económica municipal prevista con cargo a presupuestos. En ese momento incluso se apostaba por intensificar y ampliar esa relación municipal-cameral con proyectos como el vivero de empresas en Orihuela-costa, con un presupuesto incluso de más de 200.000.- € inicialmente previsto para su puesta en marcha, y para ello se ofrecía incluso la posibilidad de cristalizar esa colaboración a través de la sociedad municipal Surpal, a la que a tal efecto se le modificó su nombre por el de Fomento Orihuela S.L., dando entrada a la propia Cámara de Comercio en su consejo de administración.

 

Lo que pasó a partir de 2013 ya lo conocen ustedes. El ayuntamiento dejó de cumplir su parte en los convenios con la Cámara de Comercio por que el nuevo Interventor Municipal opinaba que realmente estábamos ante una prestación de servicios, obviando el papel real de una corporación con rango de Derecho público como es la institución cameral, la exclusividad en los servicios que puede ofrecer a un ayuntamiento como el de Orihuela, o las circunstancias especialísimas de su presencia en Orihuela como una de las cinco cámaras valencianas. El criterio del Interventor apuntó y la incapacidad de los gestores municipales desde principios de 2013 hasta ahora apretaron el gatillo: ni se adecuó jurídicamente la sociedad municipal Fomento Orihuela, ni se buscaron soluciones o alternativas a los reparos del Interventor, ni se tuvo el valor de cumplir con lo comprometido. A la Cámara de Comercio se le encargaron trabajos que el gobierno local de Orihuela no estaba dispuesto a pagar. Así de simple. ¿El error de la Cámara de Comercio? Poner todos los huevos en la misma cesta y confiarlos a quien puede que supiera mucho de dientes y ortodoncias, aunque nada gestión público-administrativa en materia de fomento del comercio y la empresa.

 

Y siento decirlo por el dimisionario presidente de la Cámara de Comercio, con quien pude y, creo, supe trabajar durante año y medio, pero no se defienden los intereses de la Cámara y sus miembros dejándose llevar por la deriva política y las falsas promesas de alguien incapaz aunque legitimado por los votos (y hasta esto es discutible) sin adivinar un horizonte que se veía venir. Llorar otra vez contra la Administración es, posiblemente, y lo digo habiendo estado en el lado de ésta última, lo que mejor terminan haciendo muchos empresarios que olvidan lo que son: sector privado y emprendedor.

 

Seguirá habiendo una posibilidad. Siempre. Y la Cámara de Comercio debe perdurar en Orihuela para desarrollar todo lo que puede llevar a cabo sin tener que apoyarse exclusivamente en la aportación económica del ayuntamiento de Orihuela. Un ayuntamiento actual cuyo gobierno, curiosamente, por principios, programa e ideología, debiera haber hecho algo más que velar el cadáver.

 

Si por ideas fuera ... O por falta de ellas, justamente.

 

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