Emoción de censura

Emoción de censura

 

Una moción de censura es un procedimiento constitucional y, por tanto, plenamente democrático. Es la expresión práctica del principio “si te lo puedo dar, te lo puedo quitar” que rige en todo sistema político representativo. Para entendernos: si un cuerpo de representantes elegidos democráticamente por el pueblo es el que tiene la potestad de otorgar el constituirse en gobierno a alguien, ese mismo cuerpo está legitimado para arrebatarle el gobierno a quien se lo dio si entiende que aquel no ha cumplido con lo que prometió o con lo que se esperaba de él. Y esto vale tanto para el Presidente del Gobierno, a quien le otorga su confianza el Pleno del Congreso de los Diputados en una investidura, y a quien se la pueden quitar esos mismos diputados, como para el último alcalde del pueblo más pequeño de España, a quien igualmente lo invisten los concejales del Pleno municipal, los que también pueden, en su caso, censurarlo para apartarlo de su cargo.

Pero tanto para un presidente como para un alcalde las reglas son básicamente las mismas, en el caso del primero según la regulación constitucional del art. 113 CE, en el caso del segundo según lo previsto en el art. 197 de la Ley Orgánica 5/1985, de Régimen Electoral General (LOREG). Y en ambos casos, en España, y bajo nuestro sistema político constitucional y legal, se puede constatar la opción del constituyente, luego seguida por la del legislador, por que un mal gobierno no desemboque nunca en un gobierno inexistente. Por ello no hay censura posible sino en sentido “constructivo”, es decir, se trata de evitar que existan mayorías capaces de concordar una voluntad de derribar un gobierno, pero inoperantes a la hora de conformar otro que lo sustituya de inmediato. Por ello, no se vota la censura de un gobierno primero y luego se nombra otro, sino que la moción de censura, desde el caso de un presidente hasta el de un alcalde, requiere que se proponga junto a la censura del actual un candidato a ocupar el cargo, y que esos dos hechos, la censura y el visto bueno al candidato que se propone, se voten en un solo acto. Hasta tal punto se refuerza esa opción por la censura, así entendida como “constructiva”, que para la investidura del Presidente de Gobierno basta una mayoría simple (más síes que noes) en segunda votación de no conseguirse mayoría absoluta en la primera. En una moción de censura, sin embargo, se requiere mayoría absoluta en única votación, sin posibilidad de segunda votación. Es decir: es más fácil ser investido que ser destituido, y ello por la apuesta clara por la estabilidad antes que por la ausencia de gobierno aun cuando el que hay pueda ser censurable. Y esto es así porque hay siempre un ojo puesto en la ciudadanía misma, y no solo en los políticos que en el correspondiente turno electoral ocupan sillón y pisan moqueta. Porque esa estabilidad que se blinda es la seguridad de un sistema social pacífico que requiere de instituciones sólidas, tanto como responsables y fiscalizadas.

En el sistema español, pues, a todos los niveles de la política representativa, la moción de censura se configura como el instrumento necesario y posible por el que un gobierno se somete a la máxima exigencia de responsabilidad ante la cámara de representantes de la que emana su legitimidad. Y esta responsabilidad se exige, además, de manera conjunta y solidaria respecto de todo el gobierno, por cuanto se inviste a una persona, pero de ella dependen y se derivan los nombramientos y competencias del resto de miembros del gobierno. Y por ello precisamente es un absurdo que haya quien, como un mero ejercicio propagandístico de política de barra de bar, proponga y hasta articule mociones de censura sin alternativa viable posible, sin un candidato a ocupar el cargo que se censura con una mayoría absoluta, pero sobre todo sin un programa político que acompañe al candidato y con el que se exhiba o demuestre cómo y quién va a corregir aquello que se censura. Absurdo solo no: improcedente y temerario, porque convierte una payasada en algo que mucha gente confunde, simplemente por desconocimiento de los fundamentos mismos de un sistema democrático, en un aparente proceso político de envergadura y relevante, algo de lo que carece cuando, como pasa siempre en democracia, los números no dan y donde, como pocas veces en política, dos más dos siempre son cuatro.

La de hoy es la noticia de la moción de censura que VOX anuncia para el próximo mes de septiembre contra Pedro Sánchez, una burda imitación de lo que ya hizo Podemos en junio de 2017 frente a Mariano Rajoy, un experimento baldío que se saldó con un fracaso, como sucederá con el de VOX, si llegara a presentarse, algo que, visto el antecedente, debieran pensarse dos veces los de Abascal. Si la pretensión de este es presentarse como alternativa de gobierno, o incluso proponer a una tercera persona ajena al cargo de diputado, no es ya que los números no den, sino que los tiene en contra desde el minuto cero. Es más: se trataría de una jugada maestra en otoño para el PSOE, necesitado como el que más de reforzar y fortalecer a un Pedro Sánchez que podría estar en ese momento empezando a hacer aguas, y muy seriamente, ante la crisis económica que ya tenemos encima. Y es que si cuando los representantes de los españoles debieran estar estudiando posibilidades, propuestas, enmiendas o vetos -por qué no- sobre unos presupuestos que son más necesarios que nunca, para asegurar las ayudas que Europa ha comprometido recientemente, van a estar entretenidos nuestros diputados en maniobras de imagen intrascendentes para el interés general de un determinado partido político. Contémosle en el último cuatrimestre de este annus horribilis a Europa que estamos en trincheritas políticas que solo satisfacen a quienes las ocupan sin pensar en quienes las han de sufrir. Pues apaga y vámonos. Si VOX quería buscar el momento para hacer lo que mejor sabe hacer, que es lo de “cuanto peor, mejor”, han elegido desde luego con tino. Para ellos. O no, teniendo en cuenta lo que realmente nos jugamos. Ni VOX va a presentar una alternativa constructiva, porque ni la tiene ni pretende tenerla, ya que su mejor campo de acción es el del escombro y la demolición, y en eso es exactamente lo mismo que Podemos, cada cual en su trinchera minoritaria, ni va siquiera a intentar buscar esa alternativa de ningún modo que le haga perder la cabecera del cartel. En eso son precisamente ambas formaciones como el mal cine: buenas carteleras para películas horrendas. Y repito: igual que Podemos, como se demuestra con su moción de censura de junio de 2017 con Iglesias como candidato que, recordemos, recabó entonces 82 votos a favor de 350, con un grupo parlamentario, el de los morados, de 67 diputados (luego 42 en la siguiente legislatura y hoy, pese a ocupar gobierno, solo 35). Podemos imaginar cómo terminará la aventura de VOX, lo que quizá no resulte malo del todo…

Y una última reflexión, que no me quiero olvidar de ella… Como en política se dice que ya está todo inventado, si el lector conoce de cerca situaciones locales como la de mi ciudad, Orihuela, haría bien en hacer un pequeño ejercicio de memoria y sustitución de nombres y siglas a nivel municipal de lo acontecido y referido anteriormente. Verán que los caminos han sido exactamente idénticos con respecto a aquella moción de censura local planteada por el grupo municipal del PSOE en Orihuela en julio de 2018. Un PSOE con un grupo municipal de 8 concejales entonces que hoy son 6. Y otro grupo municipal a su izquierda (Cambiemos Orihuela) que entonces aportaba 2 concejales y, cierto es, hoy tiene 3, pero realmente fruto de coaliciones electorales, que no de más porcentaje de voto en las urnas . Menos concejales, en suma, de 10 entonces a 9 ahora, para esa izquierda que quiere ser alternativa constructiva… Poco material ¿no creen?

Pues igual es sencillo, para unos y otros -VOX en el Congreso, PSOE en Orihuela- adivinar cómo terminan estas mociones de censura aventureras que ni proponen, ni dan alternativa, ni cuentan con los números. El gesto ni como propaganda funciona ni como proyecto convence. Y por eso es interesante saber qué es y cómo funciona una moción de censura, conocer un procedimiento constitucional y legal de exigencia de responsabilidad de un gobierno. Pero es igualmente necesario que la oposición sepa y acierte en lo de articular mayorías democráticas alternativas más allá de meros requiebros oportunistas que tienen el recorrido que tiene un titular de prensa. Tanto en el gobierno de un país como en el ayuntamiento de un municipio una moción de censura tiene como objetivo tumbar un ejecutivo, claro que sí. Pero no a cualquier precio, y menos si la moneda de cambio es la inestabilidad, que solo perjudica a los ciudadanos.

Juan Ignacio López-Bas Valero es abogado, y ha sido concejal y diputado en el Congreso

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