IGUALES ANTE LA LEY ... ¿Y ANTE LA SOSPECHA?

IGUALES ANTE LA LEY ... ¿Y ANTE LA SOSPECHA?

Si es cierto que todos somos iguales ante la ley, en los próximos días o semanas empezará a esclarecerse el curioso caso de los chiringuitos de Orihuela-costa, ya que si fiscales y jueces quieren saber si hay un comportamiento delictivo más allá de una gestión que puede ser discutible por estimarse cara o ineficiente, ahora deberían tener la misma diligencia o iniciativa que en otros casos, ahora que sabemos lo que sabemos sobre este tema. O eso, o es que no todos son iguales ante la sospecha, lo cual pone en tela de juicio aquello en lo que algunos al menos aún creemos sobre la imparcialidad, la objetividad y el interés público de determinadas instituciones.

En Orihuela ya hemos dicho por activa y por pasiva que pagar miles de euros por un bonsái, el alquiler de un mobiliario o el montaje de un stand turístico puede ser no sólo criticable, sino que de hecho se ha censurado como un modelo de gestión del dinero público posiblemente inadecuado, sobre todo si se demuestra que lo mismo se podría haber hecho con igual calidad y a menor precio. Esa es la diferencia entre ser eficaz o ser eficiente. La eficacia mide el nivel de consecución de los fines que nos propongamos, y como a mayores recursos, mayor consecución de fines, pues directamente más eficacia. La eficiencia, sin embargo, se refiere a la capacidad de conseguir un objetivo en relación con los recursos utilizados, o lo que es lo mismo, llegar al mismo fin con el menor consumo de los disponibles, con lo que, conseguido el objetivo, se es más eficiente si se utilizan menos recursos, y a la inversa.

Aplicado el principio al caso del bonsái, resulta cierto que pagar por uno un precio que objetivamente se pudiera considerar caro puede ser eficaz (se consigue el objetivo), pero ineficiente (si los recursos han sido excesivos). Y a partir de aquí, que un fiscal y un juez instructor entren a indagar sólo se justifica por la posibilidad de que en esa eficaz ineficiencia haya un fraude, un engaño y un beneficio ilícito e ilegítimo para terceros. Pero no esperemos que condenen a alguien simplemente por pagar caro lo que posiblemente valga menos, lo que, en todo caso, habrá que demostrar, porque eso es algo que se denuncia, se trata y se corrige en otro ámbito: el que cada cuatro años nos invita a mirar lo que ha pasado y, si lo consideramos conveniente, expresar con el voto lo que no nos gusta.

Al caso de los chiringuitos se le puede aplicar el mismo criterio, si sabemos de qué va, y se resume muy fácilmente. El Ayuntamiento de Orihuela dispone de Marzo a Noviembre cada año de doce chiringuitos de playa en nuestra costa, alquiler de hamacas, sombrillas, motos acuáticas, patines, etc., para servicios de ocio en la promoción turística de nuestra costa. Y a su vez el Ayuntamiento cede y adjudica por contrato la explotación de esos servicios al mejor postor. Pues bien, una empresa nos pagó 528.000.- € cada año de 2006 a 2012 por explotarlos y cobrar por ello a los usuarios de playa. Y la propia empresa ofreció un año más de explotación en 2013 porque al parecer el Ayuntamiento no había previsto con tiempo suficiente la licitación de un nuevo contrato al acabarse el anterior.

Primera conclusión: a la empresa le va más que bien con el negocio y el Ayuntamiento es lento en su gestión. Lo primero es objetivamente cierto, porque es la empresa quien se ofreció a que el Ayuntamiento le “obligara” a seguir prestando el servicio un año más; lo segundo es falso, porque hay documentación que demuestra que el trámite de un nuevo contrato ya estaba listo en Enero de 2013.

Precisamente en 2013 la empresa en prórroga de contrato consigue un distintivo de calidad que nunca antes, durante 7 años, se acordó de pedir pero que, curiosamente, obtiene no ya en el último año de contrato, sino en el de prórroga. Es la famosa Q de Calidad Turística, que logra, pero no una Q para la empresa, sino una Q para cada uno de los doce chiringuitos.

Segunda conclusión: muy claro parece tener la empresa que ese distintivo de calidad es esencial aunque sea en el tiempo de descuento de un contrato que se acaba y que se va a licitar de nuevo.

En Enero de 2014 el Ayuntamiento de Orihuela, exactamente como estaba previsto también en Enero de 2013 inicia la nueva licitación, y da 20 días para presentar ofertas, pero ¡sorpresa!: tener la Q de Calidad Turística es ahora requisito indispensable para licitar, y sólo con mirar en la web de este distintivo se descubre quién es la única empresa del sector específico que la tiene aquí y por doce veces nada menos.

Tercera conclusión: claro que las casualidades ocurren. A veces. O no.

Y en definitiva lo que tenemos hoy es que se han quedado fuera de poder optar a la adjudicación empresas sin la Q de Calidad Turística, distintivo que evidentemente nunca habrían podido obtener por doce veces, una para cada chiringuito, por la sencilla razón de no estar explotándolos en ese momento. Empresas que han ofertado más dinero (hasta casi el doble) que quien se lo ha adjudicado, que no es otra que la misma empresa de antes. Eso sí, la misma empresa que antes pagaba 528.000.- € al año y pidió un año más, y ahora va a pagar sólo 363.000.- €, porque fue lo que ofertó.

Conclusión definitiva: en el caso de los chiringuitos también se ha podido ser eficaz, porque se ha terminado adjudicando el contrato. Pero se ha sido ineficiente, y mucho, porque hemos perdido más de un millón de euro de ingresos en los próximos 7 años. Eso sí, tenemos Q de Calidad Turística en todos nuestros chiringuitos de playa, que nos ha costado precisamente eso: más de un kilo. Yo lo he notado este verano, sinceramente, al menos en los precios.

Y dicho esto, ¿somos iguales ante la ley? ¿Y ante la sospecha? ¿Creen fiscal y juez instructor que, al menos, deberían pedir que nos expliquen cómo se producen este cúmulo de felices, no precisamente para los ciudadanos de Orihuela, circunstancias casuales? Porque si han preguntado por el bonsái, ¿no habría que preguntar por esto? Luego, si somos iguales ante la ley todos, pues criticamos por el dispendio, a intentar justificarlo en campaña, y todos a votar. Y por si parece que hay delito y somos iguales ante la sospecha, pues todos a aclararlo donde corresponde. Parece lo lógico, incluso aunque haya que hacer que se explique quien presume de tener en su agenda del móvil el número de la Fiscalía Anticorrupción.

 

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