¿Ilusión en serio para la mayoría? seguro que podemos

¿Ilusión en serio para la mayoría? seguro que podemos

¿ILUSION EN SERIO PARA LA MAYORÍA? SEGURO QUE PODEMOS

 

Sabrán ustedes que desde que me encargué por un tiempo de una Hacienda municipal hace ya más de cuatro años, me da de tarde en tarde por los números y las conclusiones que de sus combinaciones se extraen. Y si nos lo han puesto de dulce ahora mismo es precisamente con las generales del pasado 20-D, porque parece uno de esos supuestos en los que se dice que los españoles han hablado, aunque aún no sepamos ciertamente lo que han dicho. Y digo que lo parece porque desentrañando sumas y restas sí podemos sacar varias conclusiones.

La primera: que ha acabado, al menos de momento, el bipartidismo tal como lo conocíamos. Ha terminado la alternancia irremediable de quitar a quien lo ha hecho mal por otro, quien sea, aun sin proyecto ni perspectiva, sino como castigo al anterior. Si algo ha habido en esta campaña han sido propuestas. El explicarlas mejor o peor ya es responsabilidad de quienes pretendíamos ponerlas en marcha con la fuerza de los votos. Pero quede que ya no habrá rodillos mayoritarios salvo que los grandes, PP por un lado y PSOE, grande pero menos, por otro, nos embarquen en unas elecciones anticipadas bajo el signo del bloqueo institucional y del miedo electoral, momento en el que, en cualquier caso, nunca deberíamos caer cediendo ante el “que me roben los míos”.

La segunda conclusión me lleva a adivinar la pelota en el tejado socialista, toda vez que en su decisión está la disyuntiva entre volver a las políticas y pactos de Estado, o abandonarse al cortoplacismo de saltar de la sartén de una supuesta complacencia con otros partidos de tal corte a las brasas de referéndums secesionistas para darse la mano con quien quiere ocupar su espacio político de izquierda institucional, la que cree en el sistema sin perjuicio de la necesidad y urgencia de su reforma.

Y es que siendo cierto que el PP se ha dejado en el camino una mayoría absolutísima con casi 3,6 millones de votantes desencantados y 63 diputados menos respecto a 2011, es igualmente obvio que la alternativa de gobierno real del PSOE ha desaparecido del escenario político con otra pérdida de casi 1,4 millones de votos y 20 escaños, cuando venían a arreglar lo que, así es, había destrozado Rajoy. Al Sr. Sánchez se lo ha llevado la ola que ya arrastró a su predecesor, el Sr. Rubalcava, pero esta vez con torbellino de ida y vuelta, porque enrocarse en posturas de bloqueo hará imparable la hemorragia por la frustración de tanto español socialista que así se sienta: tan socialista como español.

Y en eso aparecimos los emergentes, como nos han denominado. Unos a base de pactos con fuerzas muy heterogéneas en cuanto a fines y medios, y, sobre todo, con tufos territorialistas que no presagian nada bueno cuando haya que hablar de lo que ya toca: de pactos de Estado para reformar cuestiones trascendentales que nos afectan a todos, vivamos donde vivamos, porque Podemos es Podemos y otros más según donde hayan aparcado, lo que no resta legitimidad alguna, por supuesto, pero atentos a las cuestiones internas de hasta cuatro grupos parlamentarios más interesados en lo propio que en lo general cuando ni la precariedad laboral o las garantías sociales, ni la violencia de género, ni la calidad en la enseñanza, ni la garantía de acceso a los recursos hídricos, etc., han de depender de fronteras imaginarias.

Y en cuanto a Ciudadanos, ¿pues qué quieren que les diga? Que posiblemente hayamos errado en pretender ser más puros que nadie obviando respuestas claras y contundentes a cuestiones peliagudas para no molestar, olvidando que para hacer una tortilla hay que romper el huevo. Pero al margen de eso hemos sido quizá como quien conduce sin pasar de tercera, que hace mucho ruido pero no corre, que no se sale en las curvas pero no gana, que parece que no se mueve porque otros le pasan muy rápido. Posiblemente haya sido en parte así, pero el recorrido de Ciudadanos tiene un dato objetivo: aún no hemos vuelto de ningún sitio donde hubiéramos estado antes. Nunca se ha alcanzado un objetivo superior a los logrados que se haya perdido. La tercera conclusión, por tanto, y en lo que respecta a Ciudadanos, es que estamos en camino, que seguimos en marcha y sin parar. Que nuestro aval en España es un grupo de 40 diputados en el Congreso donde antes no lo hubo, como los 13 parlamentarios autonómicos que se sientan por primera vez en les Corts desde mayo pasado o los cientos de concejales que lo somos por Ciudadanos desde las locales de hace siete meses. Y que tras todos ellos hay más de tres millones y medio de españoles que creen en un proyecto único y propio para nuestro país y que han sido tan temerarios como para depositar la papeleta naranja en la urna hace apenas unas horas con la ilusión de cambiar las cosas para todos, para mejor.

Podríamos ser más, evidentemente, pero no podíamos ser menos, por que ni habíamos llegado ni, en todo caso, hemos retrocedido desde la referencia de las últimas elecciones: 1.467.663 votos en mayo en municipales frente a 3.500.446 votos en las generales de diciembre de 2015, sin pactos ni coaliciones, sólo los que estábamos y los que se han ido subiendo al barco.

No es triunfalismo, porque no hemos ganado, sino números objetivos. Es lo que hay y el principio de lo que habrá, siempre que sepamos mantener nuestra esencia y le añadamos algo más de sabiduría, que es lo que se adquiere, precisamente, con la experiencia. Sólo pierden quienes tenían algo que conservar y ya no lo tienen, y en esas penurias se mueven hoy PP y PSOE. Los primeros por que pierden lo que tenían, y mucho, o porque cuando en Orihuela dicen que recuperan, ni se acercan a lo que tuvieron. Los otros porque parecen más llegar a un subsuelo que resistir en su suelo electoral. Lo de Podemos y agregados o posibles son otros números y otras sumas y restas que aún están por cuajar, lo que no les resta mérito. Pero Ciudadanos sólo podía ganar y es lo que hemos hecho. Que sea mucho o poco y que de la relatividad de los cálculos queramos hacer esperanza o frustración ya es cuestión del ánimo del espectador. No le dé más vueltas, sobre todo si es usted uno de los más de tres millones y medio que nos han votado en España, de los 20.425 que lo han hecho en la Vega Baja, o de los 4.501 que nos han respaldado en Orihuela. Queremos ser más, muchos más, en serio.

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