LA LUCHA POR LA VIDA

LA LUCHA POR LA VIDA

Compañera, tú que sales a las manifestaciones, mal llamadas, “pro-vida”, nos gustaría que, dentro de unos meses, cuando comiencen las noticias de mujeres muertas a causa de abortos clandestinos e inseguros, recuerdes esas convocatorias que apoyaste o a las que asististe en todo el Estado. Queremos que seas consciente de lo que eso significará y en lo que se convertirá, es decir, una desprotección total para todas esas mujeres que no tengan medios para pagarse un viaje al extranjero donde abortar. Queremos que pienses en la hipocresía de aquellas que, desde la comodidad de su nivel económico, pueden decidir si desean ser madres o no, cuándo y en qué condiciones, mientras niegan ese derecho a quienes poseen menos recursos, convirtiéndolo en un privilegio.

Nos gustaría compartir contigo una reflexión. El aborto es, siempre, la última opción, el fracaso de todos los medios previos, es una situación a la que no se desea llegar si es posible evitarla. Por eso, a todas vosotras que os posicionáis por la vida, os pedimos que exijáis más recursos para que se pueda evitar. Luchemos por una educación sexual para que todas podamos disfrutar de nuestro cuerpo sin asumir riesgos innecesarios, por un acceso real a los anticonceptivos, porque la maternidad no suponga una barrera al mundo laboral, por un sistema económico que garantice la vivienda, el trabajo y el alimento para todas las personas y por una sanidad y educación universal y pública. Eso, compañeras, es defender la vida.

Que no os engañen, quienes os convocan a luchar por la vida buscan realmente limitar nuestra capacidad de decisión. Lo que subyace a esto es la protección del patriarcado, un sistema en el que estamos subordinadas al hombre, en el que debemos ser sumisas ante el pensamiento dominante que nos hace dependientes de las decisiones de otros: los políticos, nuestra pareja, nuestros padres...

Las mujeres no somos niñas, somos capaces de tomar decisiones sobre qué hacer con nuestra vida, ¡basta de condenarnos a la minoría de edad intelectual!

No debemos olvidar que el hecho de tener útero no implica la obligación de ser madre. Reivindicamos el derecho a disfrutar de nuestro cuerpo y nuestra sexualidad de forma libre sin sentirnos culpables por ello. No queremos ser víctimas de una moral cristiana que nos condena a una vida de obediencia en la que somos únicamente madres, esposas u objetos de pecado.

En definitiva, debemos reclamar una educación sexual de calidad para poder decidir, anticonceptivos para no abortar y un aborto libre y gratuito para no morir.

Unámonos en la defensa de nuestros derechos. Que nadie decida por nosotras, ni dios, ni amo, ni marido, libertad de elección para las mujeres.

"Mi mente, mi cuerpo, mi decisión"

@NEROrihuela

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