LA VISITA

LA VISITA

Intentando obtener conclusiones sobre el debate “a cuatro” -que no puedo dejar de valorar más por las ausencias que por las intervenciones- me encuentro de repente con una noticia cuanto menos sorprendente: Mariano Rajoy viene a Orihuela el viernes. Cosas de la campaña electoral, que lleva a sus candidatos de gira allí donde creen que serán bien recibidos. Y en esta ciudad desde el Partido Popular han trabajado mucho por mantener las redes clientelares y el caciquismo que les ha permitido ganar las elecciones una y otra vez.

Andarán como locos en la sede -o en el Ayuntamiento, porque hay veces que se confunden- preparando la visita del que aún gobierna nuestro estado. Supongo que llevarán al señor presidente y a la señora Bonig a dar un paseo por La Murada, cerca del vertedero ilegal de Proambiente, por los enterramientos ilegales, por donde siguen corriendo ríos de lixiviados (pese a la extracción de más de 115.000 litros de este líquido contaminante a lo largo de la semana pasada, gracias al nuevo gobierno en la Generalitat Valenciana que por fin reconoce el problema y asume responsabilidades).

Más tarde los llevarán a Orihuela Costa, a caminar sobre el asfalto infinito, depredador de territorio y de recursos municipales; a visitar las homogéneas urbanizaciones fantasma que un día destruyeron el valor medioambiental de nuestras playas y su entorno.

Entiendo que después de esto acudirán en comitiva a comprobar el estado de las obras del AVE, el gran proyecto del bipartidismo español, que jamás aportará ningún tipo de beneficio a nuestra tierra y que ha hipotecado para siempre el futuro de la Vega Baja. Obras desarrolladas según una lógica que busca exclusivamente el beneficio millonario de grandes empresas y favorece la corrupción, sin olvidar el grave despilfarro de gasto público en cuestiones que nada tienen que ver con las necesidades de la gente.

Supongo que el señor Rajoy irá también a visitar el centro de salud del Rabaloche, que lleva más de quince años en cajas de plástico. Cajas que han proliferado también en los centros escolares por culpa de la inacción de la administración que estuvo en manos de su partido, para el que la sanidad y la educación públicas valencianas no han sido nunca cuestiones prioritarias.

Y de paso, se dará un paseo por el centro histórico, con un casco, por si le cae un trozo de monumento en la cabeza -que como bien me hacía ver un compañero el otro día, dentro de poco será la única forma segura de pasear por la calle Mayor-. Y allí, entre bajos comerciales cerrados y casas vacías, será capaz de entender el abandono que hemos sufrido desde hace décadas los habitantes de esta ciudad, esperando nuestro turno, mientras el Partido Popular decidía llenarse los bolsillos con dinero público, o llenárselos a ciertos empresarios con proyectos innecesarios, o concesiones ilegales de servicios básicos; obviando que, entre tanto, en Orihuela se nos caía a pedazos el patrimonio, y con él, la identidad.

Se reunirá entonces el Presidente con concejales y exconcejales de su partido, un alto porcentaje de ellos imputados o condenados por causas de corrupción, y hablarán sobre por qué Orihuela concentra ⅓ de los procesos judiciales abiertos contra políticos en nuestro País Valenciano. Seguro que hablarán de por qué tenemos que soportar la indecencia de que personas claramente implicadas en casos de corrupción sigan ocupando puestos en nuestros órganos democráticos.

Saldrá entonces Mariano Rajoy en los medios locales, junto a nuestro alcalde y junto al resto de los cargos públicos, que tienen o que han tenido que ver con la (pésima) gestión de nuestra ciudad durante todos estos años de políticas de casino, y pedirán disculpas públicamente, reconociendo que el saqueo de nuestro Ayuntamiento no sólo fue un problema puntual acotado en el tiempo y en el espacio, sino que los vecinos de Orihuela tendremos que sufrir para siempre las consecuencias del mandato de un partido estructuralmente corrupto, de un modelo de gobierno profundamente irrespetuoso con nuestra tierra y con nuestra gente.

Y yo, que andaba un poco perdida después de una buena dosis de política televisada y personalista, agradeceré que me recuerden una vez más los motivos por los que debo votar con la cabeza el 20D. Porque esta región se merece un gobierno valiente con mucha energía, compromiso y ganas de cambio, para acabar con una dinámica de corrupción que ha maltratado nuestro territorio, ha desprestigiado nuestras instituciones, y ha intentado desactivar la participación política robándonos hasta el último gramo de ilusión. Necesitamos un gobierno capaz de reconstruir una democracia que no se encuentre cautiva de las leyes de mercado. Un gobierno que ceda y devuelva competencias a los ayuntamientos, que nos permita hacer frente a la decadencia y asfixia a la que nos ha condenado el bipartidismo. Un gobierno que deje de cargar sobre la administración municipal los gastos millonarios de una crisis que no hemos generado los ciudadanos, sino los bancos y los políticos corruptos. Un gobierno que ofrezca por fin a Orihuela -y a todo el Estado- la oportunidad de revertir la situación actual y tomar un nuevo camino de futuro.

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