Las cosas que uno dice

Las cosas que uno dice

Hace escasas fechas compartí en redes sociales un artículo firmado por Arcadi Espada del que señalaba una frase que creo muy ilustrativa y que reproduzco: “el sentido de los impuestos no es devolver su costo en especie al que los paga, sino redistribuir la riqueza”. Otra máxima interesante es la derivada del pensamiento aristotélico que define a la justicia como “tratar por igual a los iguales y de manera desigual a los desiguales”.

Ambas reflexiones, y salvando la debida distancia entre Espada y Aristóteles, y entre ambos y un servidor, sirven para explicar mi postura sobre qué pasa con los servicios públicos y su financiación en el Ayuntamiento de Orihuela. Nada menos, ustedes me disculparán.

Según pregona alguien en su perfil de facebook, yo he “propuesto subir el IBI” en Orihuela. Es su versión sobre lo que he dicho, que, dicho sea de paso, no es correcta. Y no se equivoquen, porque no he dicho que sea mentira, ya que es su opinión sobre mis palabras, a las que cualquiera tiene derecho, sino que no es correcta porque la base de su aseveración es inexistente. Mi partido, Ciudadanos, no ha propuesto por mi boca subir el IBI en Orihuela.

Mi versión sobre lo que yo he dicho es la que les expongo ahora, y sólo ésta. Y tiene mucho que ver con las dos frases a las que me refería al inicio.

El Ayuntamiento de Orihuela presta obligatoriamente servicios públicos a sus vecinos que fueron diseñados en algunos casos, muchos de ellos, hace más de diez años y para una ciudad y una población muy diferente a la que hoy somos los oriolanos. Esos servicios se financian con un presupuesto municipal aprobado hace tres años, que se ha demostrado a estas alturas desactualizado y, por ello, inútil ya. Quien viva en Orihuela y esté contento con los servicios que recibe de su ayuntamiento por el precio (impuestos) que paga, que no siga leyendo. No le va a aportar nada.

Por otra parte, en Orihuela se ha extendido la leyenda de que determinados ciudadanos (los de la costa, principalmente y por ejemplo) pagan más de lo que reciben. Efectivamente, el mismo argumento que a algunos les está sirviendo actualmente para, desde el mito, justificar a otro nivel la ruptura del Estado y la idea de España. Sinceramente, en lo que nos concierne ahora, ni yo ni el Ayuntamiento de Orihuela, en este momento, sabemos quién paga más dónde en el municipio, si en la costa, en la ciudad o en las pedanías. Sencillamente, carecemos de ese dato que hay que investigar, como hemos pedido, para poder hablar con fundamento.

Esta es la propuesta de C’s Orihuela: conozcamos primero qué servicios públicos locales queremos, dónde y a quién principalmente han de prestarse, y qué cuestan. A partir de ahí podremos decidir cómo pagarlos y hasta dónde queremos llegar en su prestación, porque los recursos, como se sabe, son limitados por definición. A lo primero lo hemos llamado auditar los servicios públicos municipales. Lo segundo es hacer gestión presupuestaria y, sobre todo, política para ser eficientes, que es sacar el máximo rendimiento a los medios de que se dispone.

Las dos reglas que pretendemos observar son precisamente las mencionadas: primera, que no se pagan impuestos para comprar servicios públicos, sin más, sino que pagamos impuestos para redistribuir la riqueza de una comunidad y poder prestar a todos los ciudadanos en general servicios que sólo unos pocos podrían costearse con su patrimonio privado. Los impuestos cumplen así una función democratizadora para la economía general, como Robin Hood y para que nos entendamos: le quitamos a los ricos para dárselo a los pobres. La segunda regla es que para saber quién es rico y quién es pobre, o como el mismo Robin Hood de antes, a quién le quitamos más, a quién menos, y cómo destinamos a continuación los recursos en la financiación de los servicios públicos, debemos conocer dónde se acumula la riqueza y en qué proporción, porque tenemos que tratar por igual a los iguales y por desigual a los desiguales, o lo que es lo mismo: ser justos fiscalmente, porque no todo el mundo puede, ni debe, pagar lo mismo.

En Orihuela, si no sabemos qué nivel, cantidad o intensidad de servicios necesitamos, difícilmente podremos luego redistribuir en ellos lo que se ingresa con un presupuesto real y ser justos así con nuestros vecinos y resto de paganos.

Por eso hay que auditar nuestros servicios públicos municipales, igual que hay que decidir cómo ingresamos los recursos para pagarlos. Esa es nuestra propuesta: analizar primero y decidir después.

Y en cuanto al IBI, nadie ha propuesto subirlo. Quien me haya oído decirlo está invitado. Pero recuerden que la última ponencia de valores catastrales de esta ciudad data de antes de 1994, lo que provoca que haya inmuebles muy antiguos en zonas de gran valor urbanístico con bases de cálculo del IBI desfasadas, actualizadas casi cada año sólo a golpe de índice único e igual que otros inmuebles sitos en zonas de menos valor urbanístico, pero de construcción reciente y que por eso tienen valores más actuales. Y eso es injusto porque demuestra que hay situaciones desiguales tratadas tributariamente igual por nuestro ayuntamiento.

La única conclusión que en C’s estamos en condiciones de mantener es que los servicios municipales en Orihuela son caros, porque son insuficientes o deficientes para lo que nos cuestan. Y no lo serían quizá, si fuera el caso, lo que ignoro, reitero, aunque pagáramos sólo un poco más pero fueran mucho mejores y mucho más amplios. De eso depende su correcto diseño y, sobre todo, una más justa atribución de las cargas fiscales. En una palabra: que paguen más los que más tienen y menos los que menos.

Ésta es mi versión, no la de quienes digan que he dicho otra cosa. Si no les gusta el argumento, lo podemos debatir. Si no les gusta quién se lo dice, ahí ya no puedo hacer nada, pero prefiero no gustarles a mentirles prometiendo cosas que no se pueden cumplir. Para eso ya se pintan otros solitos.

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