Lunávide o el relato de lo que nunca seremos

Lunávide o el relato de lo que nunca seremos

Seguramente en la zona noble de la corte del Marqués de Arneva, sin número, me acusarán de quisquilloso. Que esto es cosa de la empresa o del que monta el vídeo. Pero es que, dicen que, en los mínimos detalles, en aquellos a los que no se presta importancia, es donde está la realidad de las cosas, la esencia de lo que somos y quizá de lo que nunca seremos. 

Orihuela vuelve este fin de semana al medievo, como cada año, desde hace ya unos cuantos, cuando la Asociación de Moros y Cristianos decidió acompañar con un zoco la celebración del Medio Año Festero. No hay oriolano, ni visitante de la zona, que contemple un febrero sin nuestro gran mercado. Se ha conseguido vincular la imagen de un imponente mercado (en tamaño) con la inmejorable escenografía que supone el Casco Histórico de la ciudad. No solo eso, los oriolanos conciben, al igual que se hacía por aquel entonces, al Mercado Medieval como una fiesta mayor de la actual urbe. 

En el transcurrir de los años hemos tenido como temática del evento a la ‘popular’ princesa Lorena, dragones, a Origor, el Pacto de Tudmir, el XXV Aniversario de la Armengola, etc. Este año sumamos un nuevo personaje, Lunávide, un extraño ser, enfadado y con ganas de guerra, que viene de un planeta vecino, que pisamos en 1968… la Luna. Y el desconcierto no viene porque se confunda un satélite de la Tierra con un planeta, ni mucho menos. Hacer que Orihuela viva por un fin de semana la famosa ‘Guerra de las galaxias’ no está mal del todo, pero no este, claro.

Resulta que en Orihuela contamos con un innumerable conjunto de palacios nobiliarios que, por desgracia desde el desconocimiento, desempeñarían un importante papel en la época medieval. Por no hablar del clero. Hasta resulta que en la ciudad celebraron Cortes los Reyes Católicos. Y, es que resulta, que una mujer fue la protagonista de la mayor hazaña de la época, sí, una mujer, en la Península de los Reinos, en la Orihuela Medieval. Nada más y nada menos, quienes hayan subido las empinadas escaleras de la Torre de la Catedral lo sabrán, aquí tuvimos una guerra para conseguir la independencia religiosa de la Corona de Castilla, hecho que marca cada impronta medieval que permanece en la ciudad. 

No solo contamos con historia, por suerte, en la actualidad, aunque con muchos de ellos, por desgracia, exiliados, contamos con innumerables profesionales que podrían investigar sobre nuestro pasado para elaborar nuestra historia medieval. Y junto a ellos, otro buen número que se dedicara a poner en valor y recuperar nuestro patrimonio histórico, más que nada, para que la amenaza que aterre a futuros mercados deje de ser Lunávide y se convierta en la posible caída de un cascote… y no lunar precisamente. En un tiempo en el que la innovación es el paradigma para relanzarse exitosos de las garras de la crisis, en una Orihuela despoblada por el mucho talento que reparte por Europa, podríamos articular toda una industria en torno a lo que nos hace diferentes. 

Justo ahora que la Asociación de Moros y Cristianos quiere imprimir un carácter más cultural a su acción, es momento de que recuperen/recuperemos el papel protagonista en el Mercado Medieval, por capacidad y porque la acción de la sociedad civil siempre es más rica, y articulen/articulemos un verdadero eje conductor entre nuestra Reconquista y nuestro Mercado Medieval. Un relato que despierte el interés de propios y ajenos, que desborde la simpleza de “una fiesta de los borrachos de Orihuela” y se convierta en vínculo indisoluble entre un pueblo y su historia. Y se lo pido a la principal actora civil de la ciudad, porque, tras más de quince años, queda constatado que el impulso y la dirección, que cabría esperar de nuestros dirigentes, se marchó con Lunávide hace unos cuantos siglos.

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