MIGUEL HERNÁNDEZ EN ORIHUELA

MIGUEL HERNÁNDEZ EN ORIHUELA

La Fundación Cultural Miguel Hernández empezó a gestarse como proyecto en marzo de 1992, al calor del L aniversario de la muerte del poeta oriolano. Diversas instituciones se comprometieron a unir sus fuerzas dos años después para la constitución, el 19 de julio de 1994, de la denominada Fundación Cultural de la Comunidad Valenciana Miguel Hernández. La Generalitat Valenciana, la Diputación Provincial de Alicante, los herederos del poeta y los ayuntamientos de Orihuela, Alicante y Cox, con el apoyo de la Caja de Ahorros del Mediterráneo y la Universidad de Alicante y, posteriormente, la Universidad Miguel Hernández, dejaron atrás posibles rencillas o discrepancias, si las hubiera de verdad, para sacar adelante una ilusionante realidad, que fue refrendada en Orihuela con una Comisión Pro-Fundación, nacida de la reclamaciones de diversos ciudadanos y colectivos culturales por dotar a la figura de Miguel Hernández de una entidad que velara por su difusión e investigación. 

Recordemos que Miguel Hernández representa, como ningún otro escritor de la primera mitad del siglo XX, la rápida evolución de la lírica española, desde los balbuceos posmodernistas y regionalistas, pasando por un gongorismo y clasicismo de nuevo cuño, una veta surrealista que algunos críticos niegan, el compromiso de una zona de producción literaria que se alió con otras manifestaciones artísticas en tiempos de zozobra histórica, y un intimismo que responde a la destrucción de las esperanzas puestas en un régimen político que se derrumbó, en gran medida, víctima de sus propias contradicciones. Los vaivenes personales de nuestro autor van ligados a circunstancias históricas y de todo tipo, reflejado en su obra. De ningún otro poeta se puede afirmar con más seguridad que vida y obra están estrechamente unidas. Además, su mensaje poético es universal porque emana de la verdad humana que le corresponde. 

La universalización de su mensaje poético está, no lo olvidemos, fuertemente enraizado en íntimas y familiares querencias oriundas de un pueblo mediterráneo como Orihuela, lugar por donde transitaron y se asentaron diversas civilizaciones, lleno de una luz cenital y una naturaleza feraz que se complementan con la presencia en el imaginario colectivo de modos y costumbres de procedencia religiosa que han marcado intensamente su ritmo como pueblo y pujante ciudad. 

En los últimos años la falta de un adecuado mantenimiento del llamado Rincón Hernandiano y de la sede de la Fundación, el inmueble denominado “Centro de Estudios Hernandianos”, ha sido noticia de portadas en varios medios de comunicación. Y comprendemos que no tiene una solución fácil, y menos sin el apoyo de todos los grupos municipales, y principalmente de los vecinos. 

También ha sido fuente de interés informativo el prolongado (y para nosotros inexplicable) cierre desde su inauguración en 2010 de la Casa Natal del poeta, por la falta de aprobación del convenio que regule las responsabilidades y obligaciones de las partes implicadas en la apertura del inmueble (Generalitat Valenciana, Ayuntamiento de Orihuela y la propia Fundación). 

Pero ese foco informativo que ha recaído en el mantenimiento de la difusión de Miguel Hernández en Orihuela debe servirnos como revulsivo y como acicate para reflexionar, sin partidismos ni ombliguismos, sobre lo que representa la figura de Miguel Hernández y cómo es posible potenciar aún más su difusión y presencia en el municipio de Orihuela. No compete exclusivamente al Equipo de Gobierno Local ni a la oposición, sino también a asociaciones y colectivos culturales que se hayan significado en la lucha por destacar la gran calidad literaria de nuestro paisano más universal y también en el valor ético, de ciudadano ejemplar, pues luchó por valores universales que defendería actualmente cualquier persona. 

Es por ello por lo que desde la Fundación Cultural Miguel Hernández, tras 22 años de trayectoria en la investigación y difusión del poeta en variados ámbitos y países, pide un compromiso firme y decidido por seguir no sólo recordándole, sino por incrementar su activa presencia en la ciudadanía. En los tiempos que vivimos hacen falta ejemplos en los que verse retratados, y Miguel Hernández debería, en nuestra opinión, ser uno de ellos. 

En el fondo, queremos pensar y creer que todavía se conserva en nuestro municipio aquella  línea subterránea, íntima, aquel pozo con agua fresca de homenajes impulsados por los primeros hernandianos de los años 40 y 50, no reñida con una profunda reflexión sobre los apasionantes retos que todos los hernandianos tenemos por delante de cara al Centenario del fallecimiento en 2042 y la huella dejada por la obra hernandiana en la Orihuela del siglo XXI, y que, más allá de los lógicos cambios sociales que han transformado no sólo nuestro pueblo sino también el resto del país, Miguel Hernández seguirá siendo altavoz de las reivindicaciones de justicia, igualdad y fraternidad, y formando parte de nuestras vidas.

 

 

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