No nos hagan pensárnoslo

No nos hagan pensárnoslo

Si hay algo que a los valencianos, sí, valencianos, de la Vega Baja nos toca las narices, es que nos digan que somos “diferentes” o “especiales” en el conjunto de nuestra Comunidad. Verdad es que en ocasiones aflora ese algo que nos da un cierto orgullo por ser eso, un poco distintos al resto. Pero puedo asegurarles que no hay más valencianía en otros que en este sur extremo. No al menos en el sentimiento de pertenencia y vinculación a una tierra, a una cultura y a un grupo humano cohesionado dentro de nuestros límites autonómicos, desde La Sènia al norte hasta los mojones del Reino al sur, y desde Utiel y Ademuz al oeste hasta el Mediterráneo, y dentro de él, las Columbretes o Tabarca al este. Pero no nos hagan pensárnoslo, que llevamos tiempo, demasiado tiempo, de lo que percibimos como abandono.

Políticamente hemos tenido en esta comarca de la Vega Baja, la última desde arriba, la primera desde abajo, desencuentros constantes con nuestros gobiernos, sobre todo valencianos, y dentro de esta autonomía ha crecido un desafecto que muchas veces hemos visto como mutuo, de nosotros hacia ellos y de ellos hacia nosotros. Ni siquiera la afinidad o coincidencia en los colores políticos con nuestra Generalitat, o con nuestro Gobierno central, han sido de gran ayuda en el reparto de inversiones, y de hecho nos hemos hecho acreedores de las mismas, básicamente, cuando primero hemos sufrido desastres en forma de inundaciones de nuestro inestable y traicionero Segura, un río que compartimos con nuestros hermanos murcianos pero que, perdido en las turbias aguas competenciales entre Comunidades y Estado central, ha logrado ser domesticado con infraestructuras hidráulicas en todo su curso prácticamente, a excepción, justamente, de su curso bajo, el que cruza territorio valenciano hasta el mar, en esta Vega. No nos hagan pensar que hay valencianos y españoles de ciertas categorías y luego estamos nosotros, cuando aprovechamos esa agua que amamos y que a veces nos destroza y hasta nos mata hasta la última gota en beneficio de todos.

Pero es que igualmente en materia de agua, en esta tierra estamos hartos de desembarcos oportunistas de quienes bajo las mismas siglas mantienen políticas diferentes según donde digan lo que dicen. Hartos de que políticos de PP y PSOE se hayan llenado la boca aquí de promesas de justicia y legalidad en el reparto de un agua que es de todos en España, al tiempo que otros políticos de PP y PSOE en otras Comunidades nos hayan negado ese agua porque no les llega el dinero que como precio por la misma pagamos, y muy bien, aquí, generando trabajo, riqueza y futuro para todo el país. No nos hagan pensar que estos valencianos somos una clase de españoles de segunda frente a otros cuando cumplimos lo que se nos ha exigido sobradamente, sobre todo cuando tantas veces hemos visto declaraciones de populares y socialistas tierra adentro negándonos el aire que respirar que para nosotros supone el agua de un trasvase con el que tanto hemos devuelto a toda España.

Nos preocupa, y mucho, lo que pasa en Cataluña, porque sabemos mejor que nadie lo que supone el riesgo de que te discriminen en tu tierra, que la consideramos toda donde ondea nuestra Señera, se hable la lengua que se hable. Conocemos bien tener que marcharse a trabajar unos cuantos kilómetros más allá de donde vives porque allí no te exigen el dominio de una lengua que nos es extraña por inusual, que nunca por rechazo. No nos hagan detestar el valenciano, o dejar de tenerlo como propio, pero no nos impongan su aprendizaje y su uso forzado, y menos nos lo exijan para ser iguales al resto de los valencianos, porque aquí somos valencianos que también cantamos nuestro himno cuando izamos la bandera que nos representa por referencia a la ciudad de Valencia desde hace más de quinientos años, aunque lo hagamos en castellano. No nos hagan pensar que somos por eso menos que quienes ofrenen glòries a Espanya, porque precisamente por ello podemos advertir de que la deriva que quiere seguirse hoy en nuestros colegios y con nuestros hijos en materia lingüística va hacia donde en otros sitios se dan situaciones casi ya socialmente irreversibles. Hemos asumido que en este país los nacionalismos serán lingüísticos o no serán, y los contenidos en la educación se han manipulado precisamente a través de la lengua que ha de servir para formar hacia un mundo abierto, justo lo que no se ha hecho donde nos negamos a ir. Y por eso en la Vega Baja, pero también en otras partes de la Comunidad, vemos como una amenaza un sistema educativo que niega libertad y obliga a vínculos que no existen y que deben conseguirse mediante la normalidad más que mediante la normalización. Y lo vemos como amenaza porque de ello depende en gran medida el futuro en esta tierra, como en otras zonas de España, de nuestros hijos. Y claro que nos preocupa Cataluña, porque su conflicto allí hoy es al que no queremos llegar aquí mañana. No nos hagan pensar que hay que poner en marcha otro tipo de nacionalismo frente al que nos quiere arrinconar en una Comunidad cuando como tierra de frontera la hemos visto siempre como puente y nunca como muro.

Aquí, si queremos tirar de historia, somos de los que podemos hablar, y con fundamento, de hechos diferenciales y afrentas como el que más, porque fuimos entidad jurídico-administrativa propia como Gobernación de Oriola en la Corona de Aragón desde el siglo XIV, a la par de Valencia; agermanats frente a Carlos I en los inicios del XVI; y hasta austracistas en la Guerra de Sucesión a principios del XVIII. Y puestos a ser, la capital de la Vega Baja, Orihuela, ha sido carlista fugazmente en 1837 y cantonal en 1873. No nos hagan pensar en cómo reivindicar manipuladamente desde la historia, como tantas veces se ha hecho, que mimbres tenemos … Pero no es eso lo que aquí planteamos. No es pasado, sino futuro. No son retos, sino colaboración y convivencia. No son desafíos, sino comunidad. Siempre lo hemos hecho y solo pedimos, una vez más, que no nos hagan pensárnoslo, por mucho que hayamos visto que a otros les va bien así. 

Pero tampoco se descuiden …

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