¿REPÚBLICA? NO DE ESTA MANERA

¿REPÚBLICA? NO DE ESTA MANERA

La única definición cierta de lo que es una “república”es la referida a cualquier forma de organización de un Estado que no sea una monarquía. Así de simple. No hay atributos propios de una república que no puedan decirse de una monarquía constitucional y parlamentaria como la nuestra, o la de países tan socialmente avanzados, nadie lo pondrá en duda, como Gran Bretaña,Dinamarca, Suecia o Noruega. Es más, un vistazo al mapamundi nos muestra la existencia de repúblicas que nada tienen de democráticas o garantes de los derechos individuales y sociales, y para muestra un botón: Cuba, Venezuela, China, Corea del Norte ...

Por tanto, habremos de concluir que lo importante a la hora de organizar políticamente una sociedad es garantizar principios como la soberanía popular, la separación de poderes, la igualdad ante la ley y el imperio de ésta, y la objetividad en el ejercicio del gobierno. Y éstos son principios que hoy se observan en España a través, precisamente de nuestra Constitución, hayamos optado en ella, que lo hicimos y no se nos olvide, por una monarquía o por una república.

La esencia de una república, tal como la concebimos actualmente, nace de la caída del régimen monárquico absolutista y el acceso de la ciudadanía burguesa a los mecanismos del poder público, a raíz de situaciones de incompatibilidad absoluta de derechos e intereses entre opciones opuestas e irreconciliables, como las del pueblo francés frente a su rey absoluto o la de los rebeldes americanos frente a la Corona británica, a finales del siglo XVIII. Pero hoy, en Estados democráticos, regidos por constituciones y leyes garantes de los derechos individuales y colectivos y con gobiernos sometidos a controles políticos y jurisdiccionales elegidos periódicamente en elecciones libres, tener como forma de Estado una república o una monarquía es realmente algo anecdótico, salvo que se quiera utilizar el argumento como excusa ante otras carencias o complejos de tipo político o ideológico.

En mi fuero interno no puedo estar de acuerdo plenamente, como creo que nadie lo está de verdad, en que un cargo público sea algo que se herede de padres a hijos como un derecho de sangre. Pero más allá de esa evidencia hay que analizar la situación particular de cada sociedad para saber de dónde venimos, a dónde vamos, y cuál es el camino que menos nos va a costar seguir, y sí tengo la convicción de que ese camino, para el caso de los españoles, no es fomentar un debate interesado sobre monarquía o república. No se trata de reivindicar arrebatadamente una república ideologizada y parcial,como la que hoy algunos reclaman con grandes dosis de oportunismo en nuestro país, que nada va a aportar para solucionar los grandes retos de esta sociedad: las tensiones territoriales, la crisis económica, la cesión de soberanía a Europa o el desafecto ciudadano por la gestión pública. Todos coincidiremos en que constituirnos en república hoy no va a calmar a nacionalistas, hacer bajar el paro, tener más peso político en la Unión Europea o acabar con la corrupción o una Administración ineficaz en muchos aspectos.

Debemos apostar decididamente por las reformas, pero no por las rupturas, porque nuestros padres ya nos demostraron hace casi cuarenta años que en este país se pueden hacer cambios muy profundos y definitivos reformando, sin necesidad de romper nada, y es posible que algún día lleguemos a organizarnos como una república por la vía de la reforma de lo que hoy somos, sí, cuando el sistema que tenemos se demuestre como inútil o perjudicial y peor que el que haya de sucederle, algo que, sinceramente, no creo que se haya dado todavía. Y cuando toque, nada más sencillo que plantearlo serenamente desde los mecanismos que para ello tenemos: en el marco de la Constitución y la ley, y hasta entonces, el máximo respeto y lealtad a lo que tenemos y mientras proceda. Son las reglas del juego.

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