Un valenciano en la 'Cort del Rei Artur'

Un valenciano en la 'Cort del Rei Artur'

Si como pretende el independentismo pancatalanista, la Cort del Rei Artur (Mas), con sus caballeros de la Taula Rodona de la CUP y ERC, es la que bajo la denominación de Païssos Catalans ha de extenderse a la actual Cataluña, con la anexión del Rosellón y la Alta Cerdaña franceses, Andorra, la ciudad de Alguer en Cerdeña, la Comunidad Valenciana, la Franja Aragonesa limítrofe con Cataluña, las Islas Baleares, y hasta el Carche murciano, los que hoy, 9 de octubre, nos hemos levantado en este nuevo Camelot hemos podido, pese a todo, desayunarnos con algo de esperanza.

Ojear la prensa de este viernes que inicia el fin de semana interminable que ya está aquí nos ofrece la agradabilísima sorpresa, al menos para algunos, de leer que una encuesta preelectoral anuncia una posible victoria en la Comunidad Valenciana de Ciudadanos, que dejaría en segundo, tercer y cuarto lugar, respectivamente, a PSOE, PP y Podemos de cara a la cita de las generales de diciembre. Una gran noticia si somos capaces de hacerla realidad, porque supondría la confirmación de lo que viene alumbrándose tras los episodios de Andalucía y Cataluña: Ciudadanos somos una alternativa real a la mala praxis política y a las veleidades secesionistas.

Plantearse esta posibilidad electoral en este 9 de octubre supone además una muestra  de que la gente normal, las personas coherentes, somos nosotros, lo que nunca hemos sentido esa extraña necesidad otológica de vernos más españoles que valencianos, o viceversa, sino que nuestra españolidad y nuestra valencianidad son algo consustancial a lo que somos y cómo nos sentimos. Nos preocupamos por los problemas reales y no nos dedicamos a inventar dilemas legendarios para perder luego tiempo y recursos en buscar soluciones.

Un sondeo así, que no es más que eso, un estado de opinión en un momento concreto, expone que, al menos en ese momento, enfrentados al día simbólico de nuestra identidad particular, los valencianos queremos otra cosa distinta a lo que hemos tenido hasta ahora, pero sobre todo sabemos quién no nos lo va a proporcionar porque ya nos lo han demostrado, tras muchos años de mentiras o pasados unos meses de prontos desencantos por quien ahora desde la Generalitat se destapa con que hay que avanzar por esa vía de separar las partes de un todo que, al menos aquí, no discutimos.

Por eso ha sido una mañana de 9 de octubre de las que gustan, porque demuestran que somos muchos los que sabemos lo que somos, dónde estamos y, sobre todo, hacia dónde queremos ir. Es una mañana en la que se cumple con el deber institucional, como representante público de los conciudadanos los que lo somos, de honrar a los símbolos de nuestro país y de nuestra comunidad, los de todos. Y es algo que se hace con especial gusto en una mañana como ésta, cuando se ha desayunado uno con la prensa y cuando incluso, poco después, el acto organizado por el Ayuntamiento termina con las palabras de un alcalde, popular en nuestro caso, parafraseando nuestro lema, el de Ciudadanos, de la pasada campaña electoral: Orihuela será lo que queramos los oriolanos. Será que la idea es buena.

Así es que con todo y con eso, un valenciano como yo se siente contento en este 9 de octubre, pese a que la sombra del Rei Artur y su corte catalanista nos aceche con la inestimable ayuda de esos quintacolumnistas de Compromís que anhelan el Camelot mítico de unos Païssos igualmente míticos que nunca existieron, para evitar afrontar el día a día de lo que de verdad interesa.

Como me ha dicho un buen amigo esta misma mañana, volviendo a casa tras el acto institucional, nos queda sólo por superar algo muy simple: no se trata de respetar la lengua valenciana donde hablamos castellano o de respetar el castellano donde se hable valenciano. Posiblemente sea sólo cuestión de respetar a las personas, hablen la lengua que hablen. Esa es la apuesta de Ciudadanos, de norte a sur de la Comunidad Valenciana y en toda España. De ahí que, al menos aunque sea a través sólo de un sondeo, podamos permitirnos ser moderadamente optimistas y tremendamente realistas.

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